jueves, 13 de noviembre de 2014

Agresividad Infantil

Cuando un niño muestra hostilidad hacia casi toda la gente y las cosas, los padres y maestros con frecuencia suponen que hay algo (especifico) en el interior del niño que lo hace actuar de esa manera. Por el contrario, es el medio ambiente el que perturba y provoca al niño mas que sus carencias internas.

De lo que carece internamente el niño es de la capacidad para enfrentarse a un medio que lo enfurece y atemoriza. No sabe como manejar los sentimientos que se generan en su interior, y así cuando de alguna manera ataca, lo hace porque no sabe que otra cosa hacer.

Puede que el niño quiebre algo, sea grosero o golpee a una persona en una expresión de rabia, sin embargo los actos agresivos no son la verdadera expresión de la ira, sino una desviación de los sentimientos reales.

El niño que presenta conductas agresivas tiene profundos sentimientos de ira, de rechazo, inseguridad y angustia, puede tener sentimientos heridos y a menudo problemas de identidad, tiene una mala opinión del sí mismo que conoce, es incapaz o no quiere y teme expresar lo que siente.

El niño no se vuelve agresivo de la noche a la mañana, la agresividad se da de forma gradual, el niño agresivo seguramente ha expresado antes sus necesidades en formas mas sutiles, pero por lo general los adultos no le prestan atención hasta que exagera sus comportamientos. Estas nuevas conductas son percibidas por los adultos como antisociales sin comprender que el niño esta en un intento desesperado de restablecer el contacto. 

El niño es incapaz de comunicar sus verdaderos sentimientos de otra forma que no sea la que ahora esta desarrollando, se aferra a lo único que sabe hacer para continuar la lucha de vivir en su mundo.

Las conductas agresivas no son expresiones de los sentimientos sino mas bien la evitación de ellos. Los sentimientos heridos son tan comúnmente sepultados bajo una capa de sentimientos de ira, y es muy difícil para los niños incluso para los adultos permitir la expresión de los auténticos sentimientos, de manera que es mas sencillo disipar la energía cometiendo actos de rebeldía, siendo sarcástico e indirecto en cualquier forma posible o dando golpes.

En un proceso terapéutico se guía al niño a contactar y expresar su verdadero sentimiento de ira, vivencía la experiencia de ser verbalmente directo con sus sentimientos, decir lo que necesita decir a la persona a quien necesita decírselo. Se trabaja también con su autoconcepto para que desarrolle sus propios recursos y enfrente al medio de forma asertiva y en un estado emocional estable.


martes, 14 de enero de 2014

EL OMEGA 3 EN LOS NIÑOS. ¿POR QUÉ ES TAN IMPORTANTE?


Foto: cortesía stockimages de www.freedigitalphotos.net
 
 
La nutrición en omega 3 es de gran importancia desde el momento de la concepción, embarazo, infancia y el resto de su vida.

La salud mental de nuestros niños ha estado deteriorándose durante las décadas pasadas a un ritmo acelerado. Los desórdenes mentales que raramente se veían ahora son denominadores comunes en la juventud de hoy.

El cerebro está compuesto de grasa en cerca del 60%, en peso. Mucha de la grasa encontrada en cerebro está en las membranas de las neuronas y en la mielina, envoltura protectora que las cubre. Los tipos y las proporciones de grasas en las membranas de la célula determinan qué tan efectivamente se comunican las células de cerebro.

Si un adulto tiene deficiencia de grasas apropiadas su cerebro no funciona óptimamente. Si un niño tiene deficiencia, su cerebro no se desarrolla adecuadamente.

Imagínese a niño que aprende matemáticas. Aprender hace que su cerebro forme nuevas conexiones de sus neuronas. Para esto se necesita mucho DHA. Si este niño, como la mayoría de los niños, no come suficiente aceite de pescado, las nuevas conexiones que debe formar el cerebro con las grasas que encuentra se formaran de manera defectuosa.

Los niveles bajos de DHA se han asociado a depresión, a pérdida de la memoria, a la demencia, y a problemas visuales. DHA es particularmente importante para los fetos y los infantes; el contenido de DHA del cerebro del niño se triplica durante los primeros años de la vida.

Los niveles bajos de DHA se han ligado a los niveles bajos del serotonina del cerebro, que están conectados con tendencia a la depresión, al suicidio, y a la violencia.

Cuando los niveles de Omega 3 son bajos se pueden manifestar en:

  • Asma.
  • Dislexia
  • Desorden de déficit de atención.
  • Trastorno por Déficit de atención con hiperactividad, TDAH.
  • Dificultades de aprendizaje.
  • Problemas de comportamiento.
  • Concentración pobre.
  • Oscilaciones del humor.
  • Mal genio.
  • Dificultades para dormir.
  • Desorden bipolar.
  • Mala visión.

Si se cambia la nutrición para niños con niveles bajos de Omega 3, estos reaccionan pronto a una nutrición mejor.

Una vez que tengamos un consumo adecuado de aceite de pescado podremos ver algunos de los cambios siguientes en conducta:

    • Mejor humor.
    • Mejor memoria a corto plazo.
    • Menos ansiedad.
    • Mejor dormir.
    • Mejor coordinación.
    • Mejor comportamiento.
    • Mejor lectura.
    • Mejor ortografía.
    • Menos asma.
    • Mejor inteligencia.
    • Mejor visión.
    • Menos problemas de los pulmones.
    • Menos agresión.


El salmón es el máximo proveedor de Omega 3, si la dieta diaria del niño no incluye este acido graso en las cantidades necesarias se puede recurrir a las capsulas como suplemento alimenticio, 500mg al día son suficientes para un niño. Para un adolescente o adulto de 500mg a 1000mg.

Si vas a adquirir Omega 3 en capsulas es importante tomarlo en marcas reconocidas pues así te aseguras que estas pagando por un producto de calidad, pues muchos de estos suplementos están adicionados con grandes cantidades de vitamina E y contienen muy bajo porcentaje de Omega 3.


Espero esta información te sirva.

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miércoles, 8 de enero de 2014

LOS MIEDOS EN LOS NIÑOS DE 0 A 6 AÑOS. ¿CUALES SON? ¿QUE HACER COMO PADRES?


Si miramos hacia atrás seguramente recordamos momentos en los que siendo pequeños hemos sentido miedo, noches en las que nos costaba dormirnos o situaciones que nos causaban temor, todos los niños pasan por momentos de temores a lo largo de su desarrollo.
Imagen cortesía David Castillo Dominici freedigitalphotos.net
 
Podemos observar este sentimiento desde que nuestro hijo es aún un bebé y aunque cada niño es diferente, algunos son más sensibles y se asustan con más facilidad. Hay tantos miedos como personas pero algunos aparecen de forma frecuente a lo largo de las distintas etapas por las que va pasando el niño en su primera infancia:
Miedos a los ruidos fuertes e inesperados: Este miedo lo observamos en casi todos los bebes, frente a cualquier estímulo fuerte, repentino o intenso el niño puede reaccionar llorando, por ejemplo: un portazo, coche de policía, petardos etc.
Miedo a los extraños: Entre los 6-8 meses muchos bebés comienzan a mostrar temor a los extraños, los padres suelen sorprenderse ya que no habían notado esto hasta entonces, esto es señal de que ha aumentado la capacidad y sensibilidad del bebé para darse cuenta de con quien está. Será importante que cualquier cambio que tenga el niño en su vida sea gradual y acompañado de sus papás, por ejemplo si la madre empieza a trabajar y deja al niño con una cuidadora podrá empezar estando ella unos días mientras su hijo conoce a esta nueva persona.
Miedo a separarse de los padres: Este temor aparece cuando el niño ha de separarse de sus figuras de apego,  aunque a partir de los 6-8 meses ya aparece, este miedo se intensifica alrededor del año y medio o  los dos años. Cuanto más gradual sea la separación de mamá y papá más fácil será para el niño adaptarse a estas situaciones.
Miedo a la oscuridad, brujas, monstruos…, estos miedos aparecen por la noche cuando el niño se va a la cama, lo podemos observar a partir de los tres años aproximadamente, es una buena etapa para utilizar cuentos, si el niño se  identifica con un héroe de ficción que acaba venciendo sus temores podrá calmarse y adquirir algún recurso para enfrentarse al miedo, también podemos dejar una luz pequeña que haga más fácil el momento de irse a la cama.
Miedo a la muerte: A partir de los 5-6 años aproximadamente el niño empieza a ser más consciente de lo que significa la muerte. Puede ser una etapa donde el niño haga muchas preguntas para lograr comprender este acontecimiento. Sera bueno para el pequeño que sus papas se muestren accesibles y respondan sus preguntas adecuando las respuestas a la edad del niño.
 
A los padres les suele resultar difícil consolar a su hijo cuando está asustado y dudan sobre como reaccionar, ¿Hablamos sobre ello?, ¿Le acompañamos a la cama?, ¿Le quitamos importancia?, ¿Dejamos una luz encendida por la noche? etc.
 
Es importante trasmitir al niño que tener miedo a veces es normal y que a todos los niños les pasa, será de gran ayuda poner palabras al miedo del niño y tratar de calmarlo, por ejemplo: Parece que ese ruido tan fuerte te ha asustado ¿verdad?, mamá te abrazará un poquito y el ruido pasará.
 
También podemos ayudar a los más pequeños a trasformar el miedo en interés, por ejemplo: Ese perro tan grande te asusta ¿verdad? Nos podemos alejar un poco y verlo desde allí, ¿has visto como corre juega con la pelota?.
 
Los objetos transicionales como el chupón, el osito…pueden ayudar a que el pequeño se calme ,así como el lenguaje que utilicemos y el tono de voz.
 
Es importante no ridiculizarle, por ejemplo: Pero ¿por qué lloras? Pareces bebes, ya sabes que las brujas no existen. Avergonzar al niño solo hará que se sienta confuso por sus sentimientos.
 
Cuando el niño aun no tiene la edad adecuada para separar fantasía de realidad no es aconsejable que vea películas o programas con imágenes violentas o con personajes que les pueden causar temor.
 
Debemos trasmitirle al niño que lo que ahora le asusta acabará pasando a medida que se vaya haciendo mayor, los padres pueden contarle ejemplos de cuando eran pequeños y de como resolvieron ellos sus temores.
 
Además de los miedos más frecuentes, el niño puede pasar por momentos de temores por distintas circunstancias, será de gran ayuda que los padres puedan reflexionar sobre algunos aspectos:
 
¿Ha tenido el niño una mala experiencia anteriormente, algún suceso que le puede estar asustando?, si es así podemos hablar con el niño sobre este suceso que le preocupa tratando de buscar soluciones juntos. También los cambios en las rutinas pueden hacer que el niño se sienta intranquilo, por ejemplo: cambio de casa, de colegio, un nuevo hermanito, separación de los padres etc.
 
¿Cómo se sienten los padres cuando ven a su hijo asustado? Si a un padre le afecta en exceso que su hijo tenga miedo ya sea porque lo ve demasiado frágil o porque le hace conectarse con miedos suyos infantiles etc. Es probable que reaccione de una manera excesiva tratando de reprimir el miedo del niño o dándole mucha importancia. Esto hará que el niño viva lo que le pasa con más ansiedad y se incremente su miedo.
 
¿Cómo actúan los padres cuando ellos mismos están asustados? si alguno de los padres expresa miedo frente a algún acontecimiento, un niño sensible puede sentir la misma inquietud. La conducta que el niño observa en sus padres es la pauta que interioriza por lo que debemos ser cuidadosos y reflexionar sobre como nos mostramos ante nuestros hijos.
 
¿Usan los padres el miedo en su modelo educativo?, a veces escuchamos por ejemplo: o te comes todo o te llevará el viejo del costal, o te portas bien o te encerraremos en el cuarto oscuro.... esto tendrá consecuencias negativas a largo plazo ya que el niño aprenderá a obedecer por miedo no porque vaya interiorizando las  normas y pautas de comportamiento.
 
La mayoría de los miedos van disminuyendo a medida que el niño se hace mayor ya que va aumentando su capacidad cognitiva, pero si los miedos del niño son excesivos, empiezan a interferir en su modo de vida y se prolongan en el tiempo será bueno consultar con un profesional que ayude a los padres a entender que le está pasando al niño y como ayudarle.
 
 
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